Fabian Tomas Gomez y Anchorena

Nombre al nacer Gomez y Anchorena, Fabian Tomas
Sexo masculino
Edad de defunción 67 años, 5 meses, 27 días

Eventos

Evento Fecha Lugar Descripción Notas Fuentes
Nacimiento 1850-12-29 Buenos Aires, Argentina  
 
Defunción 1918-06-25 Icaño, Santiago del Estero, Argentina  
 

Padres

Parentesco con la persona principal Nombre Parentesco dentro de esta familia (si no es por nacimiento)
Padre Fabian Gomez del Castaño Salvatierra
Madre Mercedes Ignacia Anchorena Arana
         Fabian Tomas Gomez y Anchorena

Narrativa

TEXTO EXTRAIDO DE:

http://www.genealogiafamiliar.net/getperson.php?personID=I1882&tree=BVCZ

<hr>

◦Fabián Tomás Gómez y Anchorena, quien había nacido el 29-XII-1850, y en la Iglesia Matriz de Buenos Aires, el 31 de enero siguiente, lo bautizó el canónigo Felipe Elortondo y Palacios; mientras sostenían al párvulo en la pila sus abuelos Nicolás de Anchorena y Estanislada Arana.
La vida de Fabián Gómez Anchorena proporciona, sin duda, un estupendo argumento para ser llevada a la novela. De él se ocupó Ismael Busich Escobar en sus crónicas tituladas Visiones de la Gran Aldea (Bs.As. 1932). En 1943, Pilar de Lusarreta incluyó al personaje en sus Cinco Dandys Porteños; y Manuel Galvez estuvo tentado de consagrarle una biografía, a cuyo efecto me pidió datos familiares y alguna información anecdótica.
Si bien Fabián padre, en su testamento, había nombrado a su hermano Manuel Gómez, ausente a la sazón en Chile, albacea suyo y tutor y curador del nifiito huérfano, fallecido el causante, Misia Estanislada Arana de Anchorena desplazó enseguida al tío Manuel Gómez, y, absorbente como era la señora se hizo cargo de la tutela y cúratela del nieto. Excusado es decir que Fabiancito, de ahí en adelante, se malcrió entre halagos y condescendencias, nadando en la abundancia, sin que nadie pusiera freno a sus caprichos infantiles.

El escandaloso casamiento con la Gavotti

A los diecinueve años, el rumboso muchacho ya había descubierto, deslumbrado, la alegre vida nocturna en la Gran Aldea. Junto a un montón de amigos, compartía placenteras aventuras en el Alcázar, a la pesca de livianas coristas francesas del "vaudeville"; cuando no las farras tenían lugar en alguno de esos legendarios quilombos porteños, gineseos de rompe y rasga, donde con frecuencia se originaban peligrosas tremolinas. Todo esto alternado con respetables bailes en el club del Progreso y veladas líricas en el viejo teatro Colón.
En el Colón, precisamente, en aquel año 69, representábase la ópera "Los Hugonotes" de Mayerbeer, y cierta cantatriz de la compañía vestida de paje, embaucó por completo, con las mañas de estilo, al incauto Fabián. Se trataba de una italiana treintañona, de elevado porte y exitante rubicundez, llamada Josefina Gavotti.
Dicha "bella donna" narcotizó de tal manera al chaludo candidato, que este, haciendo mangas y capirotes de prejuicios sociales, resolvi�� casarse con ella. Al efecto, al rayar la mañana del 25 de agosto, el joven Fabián Gómez Anchorena, acompañado de la Gavotti y de dos guardaespaldas, acudió a la Iglesia de la Merced, donde el presbítero Jacinto Balan celebraba la primera misa.
He aquí la crónica del escándalo, que gloso de dos centenarios recortes que poseo, publicados al día siguiente del asunto: uno es del diario El Nacional, y el otro de un periódico satírico, se me ocurre que El Duende.
Acababa el párroco Balan de impartir la bendición a sus madrugadores feligreses, cuando un imberbe joven aparece por la puerta lateral de la sacristía, se adelanta y presenta su compañera al sacerdote, manifestándole que venía decidido a que los uniese con los vínculos indisolubles del matrimonio. El cura, aún revestido con alba y casulla, quedó desconcertado; pero tras una pausa, vuelto de su sorpresa, se niega de plano a la solicitud de los intempestivos pretendientes. Estos hacen mil protestas de acendrada pasión, se abrazan, se arrodillan al pié del altar, y ruegan al ministro de Dios que los haga felices para toda la vida. El cura, no obstante, mantiene firma su negativa. Entonces el joven Tenorio, protegido por sus guardaespaldas, amaga con la violencia y saca a relucir un revólver. El sacerdote es defendido por varios devotos que se hallaban en el interior del templo y por algunos que acudieron por los gritos que desde afuera se oían.
Concluida la escena, que duró pocos minutos, los agresores consiguieron huir de la Iglesia sin ser detenidos. El padre Balan dio aviso en el acto al Arzobispo Escalada, y este -- en vísperas de partir para Roma -- puso el caso en conocimiento de las autoridades civiles. Horas después, el jefe de Policía, Enrique O'Gorman, mandó a sus subordinados en busca de Fabiancito y la Gavotti al "Hotel Argentino" donde estaban alojados; el muchacho se resistió, cambiando algunos trompis con el Comisario y los vigilantes. Conducidos ambos protagonistas del tragi- cómico suceso a la Policía -- contigua al Cabildo -- fue preciso bajar al galán a la fuerza del carruaje, para meterlo incomunicado en una celda.
A todo esto, doña Estanislada, la abuela del reo, demandó ante la Justicia la anulación del casamiento de su nieto menor de edad. Patrocinaba a la señora el Dr. Roque Pérez; y se encargó de la defensa de Fabián, el joven abogado Carlos D'Amico. Recién en el mes de octubre, la Sala en lo Criminal dictaminó en contra del acusado, pasando el sumario en apelación a la Cámara Civil. Dos meses más tarde, ante numeroso público, llevóse a cabo la respectiva audiencia en la histórica sala del Cabildo. Presidía el tribunal el doctor Basilio Salas, y lo integraban los doctores Eduardo Carranza Viamonte, Ángel Navarro, Enrique Martínez y Juan José Alsina. Tras los informes in voce de los abogados D'Amico y Pérez, dióse por terminado el acto. Y el 30 de noviembre, los jueces fallaron en definitiva, "que la personería de la tutora y curadora solo tendrá lugar si el juzgado eclesiástico resolviera definitivamente que el matrimonio intentado por Gómez ha sido válidamente contraído". Empero, como ante el altar Fabián y la Gavotti habían pronunciado el "sí", llenando las formalidades prescriptas por el derecho canónico vigente, la unión conyugal resultaba, en principio, valedera.
Salido de la cárcel victorioso, Fabián Gómez Anchorena se fue con la Gavotti -- mucho menos lírica que su flamante consorte -- a pasar la luna de miel en un chalet de San Fernando; y poco después, la pareja marchóse a Europa y se instaló en un palacete de Florencia.

Se descubre el engaño de la Gavotti y queda roto el matrimonio de Fabián

Misia Estanislada, sin embargo, no se daba por vencida. Acude confidencialmente al Ministro de Relaciones Exteriores Mariano Várela -- el de "la victoria no da derechos" -- y este encarga al cónsul argentino en Génova, Eduardo Calvan, que averigüe, también en forma confidencial, los antecedentes personales de la Gavotti. El celoso funcionario lleva adelante con éxito su misión, y presenta un informe acerca de la cantante, cuyo texto no se sabe como llegó a la prensa porteña.
Los diarios de aquella época nos enteran que Josefina Gavotti era hija de humildes padres piamonteses de la ciudad de Alejandría; que ella en 1851 había contraído enlace frisando apenas en los 16 años, con un paisano suyo, Luis Capro, de oficio carpintero. Posteriormente, ante los tribunales de Turín, la moza demandó la nulidad de aquel matrimonio, debido a la "imposibilidad" de Capro para consumarlo. Comentando este suceso, un diario porteño decía: "Al leer la interesante noticia, y conocer de nombre al primer consorte de la heroína, no hemos podido menos que refelxionar sobre si los apellidos ejercían alguna influencia en el destino de los hombres". También en Turín -- donde su padre desempeñábase como portero del teatro Vittorio Emanuel -- Josefina Gavotti aprendió canto. Al poco tiempo la muchacha huyó con un tal Fiori, ujier de la cámara de Florencia, con el cuál hubo dos hijas. Incorporada luego a elencos teatrales vino a Buenos Aires, y aquí culminó sus hazañas "cazándolo" al multimillonario Fabián Gómez Anchorena.
Entretanto, como era de esperarse, allá en el palacete de Florencia, el inexperto calavera argentino y la desvergonzada vicetiple italiana, a los dos meses de su himeneo, empezaron a llevarse como perro y gato. Y al enterarse Fabián del verdadero curriculum de su cara mitad, logró invalidar sus nupcias, gracias a los buenos oficios del abogado Antonio María Piran y a la anulación papal. El 14-1-1870 La Naci��n de Buenos Aires publicaba esta noticia: "En Roma, el caballero argentino Fabián Gómez y Anchorena ofrece un millón de pesos a quien descubra el paradero del señor Fiori, marido de Josefina Gavotti, con la que contrajo matrimonio en Buenos Aires creyéndola soltera".

Fabián queda resentido con su familia; interviene sin éxito mi bisabuelo Aguirre para amigarlo. El joven pleitea con los suyos por la herencia, y finalmente llega a un arreglo con ellos

A raíz de los sucesos referidos, las relaciones entre Fabián y su familia estaban prácticamente cortadas, al cumplir la mayoría de edad, aquel reclamó a su abuela y tíos la entrega de sus bienes para administrarlos por su cuenta. Así las cosas, los hermanos Juan y Nicolás de Anchorena pidieron a mi bisabuelo Manuel Aguirre, entonces en Europa, se allegara al sobrino Fabián a fin de alcanzar una solución amigable en la respectiva partición sucesoria. El señor Aguirre intentó en varias entrevistas, mantenidas con el caprichoso muchacho en Florencia y en París, convencerlo aceptase un arreglo familiar, pero nada logró frente a la terquedad de este.
El 16-X-1873 se produjo la muerte de doña Estanislada, y en Buenos Aires inicióse su testamentaría. Corren tres años, y Fabián les mete pleito a sus tíos sobre restitución de herencia. De consiguiente, en diciembre de 1876, ante el Juzgado del Dr. Juan Carlos Belgrano, Secretaría de Félix Romero, el letrado Juan R. Silveyra presenta un escrito en nombre de Fabián Gómez Anchorena, donde se lee: Que habiéndose irrogado perjuicios en la liquidación de la testamentaría de la abuela de su cliente, este demandaba a sus tíos Juan y Nicolás de Anchorena y al curador Benjamín Buteler. Que el demandante había procurado en vano, después de su mayor edad, lograr un convenio amistoso con aquellos, por lo que ocurría a su pesar a los tribunales. Que el letrado Silveyra quisiera se guarde respeto y consideración a la familia Anchorena, por lo que estrictamente mencionaría lo necesario al Juez, relacionado con los antecedentes y hechos en que fundaba su derecho. Consigna en su escrito que al quedar huérfano Fabián en tierna edad por la muerte de su padre en 1856, este lo dejó al nifio bajo el amparo y protección de su tío Manuel Gómez, ausente en Chile. Que la abuela materna Misia Estanislada le hizo resistencia a Gómez desde los primeros pasos, en lo que se refería a la administración de los bienes del menor; y que Gómez, "por un sentimiento de honor como caballero, y de delicadeza, había consentido que la Señora quedara a cargo de los bienes abolengos del pupilo, partiendo el con la Señora la autoridad de la tutela y cúratela".
El Juez de la sucesión paterna -- sigue el escrito -- aprobó ese extraño arreglo contra los principios generales que rigen la tutela, siendo reconocida la Señora como tutora y curadora legítima, y administradora de los bienes del menor, hasta fines de 1869, "en que las desgraciadas ocurrencia a que se mezcla el nombre de una mujer aventurera, habiendo perturbado la tranquilidad de la familia, determinaron el viaje a Europa de su representado, y el nombramiento como tutor de Benjamín Buteler".
Se refiere luego el escrito al arreglo particular efectuado en 1857 por los tíos y abuela de Fabián, para liquidar la sucesión del abuelo Nicolás de Anchorena, y desligarla de la sociedad que tenían con los herederos del hermano del causante Juan José Cristóbal Anchorena (mi tatarabuelo). Que después de esto, la Señora Estanislada, por si y en representación de su nieto Fabián, celebró también con sus hijos Juan y Nicolás "el convenio de división y participación de herencia, entrando cada uno en posesión individual de su parte en la masa común de bienes". A la Señora se le adjudicaron todas las fincas y terrenos en la ciudad, y a los hijos y el nieto de ella, las estancias, ganados, etc.etc. Recibiendo cada uno 24 leguas de campo y fracciones, repartiéndose los ganados y cada heredero recibió una cuarta parte en dinero y documentos de crédito. Quedaron, en consecuencia, los tres herederos separados. Los mayores trabajaron sus campos por su cuenta y riesgo, haciendo adquisiciones particulares que nada tenían que ver con la testamentaría.
Los campos de Fabián se arrendaron. El producido de sus ganados se depositó en Bancos, y gradualmente fue invirtiéndose su dinero en fincas. Doña Estanislada, por su parte, fue dando a todo lo que producían sus bienes igual inversión, es decir adquiriendo fincas y edificando los terrenos que estaban baldíos. "Las cuentas de esta complicada administración que tenía la Señora de lo suyo, y de lo separado para su nieto, se llevaron con la posible claridad" -- había estampado el tutor Buteler en el escrito en que pedía la anulación del convenio de partición --, convenio que en 1870, confesó Buteler, fue "ventajoso para el menor", pues empleado en fincas, "su capital había llegado a ser más de tres veces mayor del que recibió en 1857. Empero ahora Fabián quería anular aquella división que se había hecho de los bienes en la testamentaría de su abuela, considerándose perjudicado en quince millones de pesos".
Finalmente, con la intervención del abogado de Fabián, Dr. Antonio María Piran, se llega a un acuerdo extrajudicial entre aquel y sus tíos don Juan y don Nicolás. Dicho acuerdo, en síntesis, determinaban: 1o) Fabián, después de examinar los libros de administración que llevaba doña Estanislada, y comprobar que no ha sido perjudicado en 15 millones, aprueba y ratifica la manifestación de bienes, cuenta particionaría y demás actuado en la testamentaría de su abuelo Anchorena, no teniendo nada que reclamar de la señora Estanislada como curadora suya y albacea de su abuelo, ni de sus tíos Juan y Nicolás. 2o) Que ha examinado los libros que hacía llevar doña Estanislada de las diversas cuentas de administración, y desiste de las observaciones a que podrían prestarse, y de ser examinados nuevamente, consintiendo que queden en poder exclusivo de los tíos. 3o) Que aprueba y ratifica sin reserva alguna la escritura de división de bienes quedados por fallecimiento de doña Estanislada, otorgada en 1874; y renuncia al reclamo de aquellos 15 millones antes mencionados. 4o) Que en virtud de las cesiones que hace, exige como indemnización la suma de ... (en blanco en la copia que poseo). A su vez los tíos Juan y Nicolás, dicen que aceptan la transacción en los términos antedichos movidos por el deseo de concordia.
Como pago de honorarios profesionales, Fabián le había transferido al abogado Antonio María Piran su estancia "La Invernada", cotizada en 400.000 francos; 9 leguas de campo, dentro del cual, en 1890, su afortunado dueño vendió los lotes que hoy configuran el pueblo bonaerense de General Piran, conservando el resto enormemente valorizado.

Lujo y derroche parisino a manos llenas. Conde del Castaño. Casamiento madrileño

Mientras acá se substanciaba ese pleito familiar, el opulento manirroto argentino dilapidaba millones en París, entregado al goce de la vida. En su casa del Faubourg Saint Honoré, puesta con magnificencia -- que fuera de la Condesa de Montijo, madre de la proscripta Emperatriz Eugenia y de Paca Duquesa de Alba -- ; en su palco de la Opera, en los restaurantes lujosos, casinos, hipódromos, teatros y cabarets de moda; en los corsos del "Bois de Boulogne" y en espléndido yate "Enriqueta", fondeado en el Sena; el dadivoso "rastacuer" sudamericano, veíase a la cabeza de un enjambre elegante de aprovechados adulones y de hetairas de alto precio. Como lo digo en la biografía de mi abuelo Manuel Aguirre Anchorena, primo segundo de Fabián, este habíase hecho amigo del Duque de Sexto y del Marqués de Casa Irujo, quienes le introdujeron en el círculo de monárquicos españoles desterrados que, en tomo de la exiliada Reina Isabel II, maquinaban la exaltación al trono de España del Príncipe Alfonso (izquierda), hijo de ella; la cual a favor suyo abdicó los derechos soberanos. Y como el futuro Alfonso XII parece que andaba escaso de fondos, más de una vez, nuestro Fabián firmó cheques en blanco para el Duque de Covadonga, dignidad cobijadora en Francia del real vástago.
En enero de 1874, Alfonso XII, ciñó la corona en su patria, y agradecido realmente de aquellos cheques desinteresados del munífico Fabián, le pagó su deuda convirtiéndolo en Conde del Castaño; título impreciso que el interesado reivindicó de un dudoso antepasado de la rama de su abuela paterna, que habría vivido en tiempos de Maricastaña.
Algo después, en Madrid, nuestro Conde se ató al dulce yugo matrimonial con una dama de rancio linaje: María Luisa Fernández de Henestrosa y Pérez de Barradas; hija de Juan Bautista Pérez de Barradas 8o Marqués de Peñaflor y 6o Marqués de Cortes de Graena y de Angela Arias de Saavedra; nieta paterna de los primos hermanos Antonio Lope Pérez de Barradas Henestrosa 5o Marqués de Cortes de Graena, y de Inés de Barradas y Fernández de Henestrosa 7a Marquesa de Peñaflor: bisnieta paterna paterna de Juan Bautista Pérez de Barradas 4e Marqués de Cortes de Graena, y de su prima hermana María Juana de Dios de Henestrosa y Córdoba; bisnieta paterna materna de Antonio Pérez de Barradas Henestrosa, a quien el Rey Carlos III, en 1771, concedió la Grandeza de España para sí y su posteridad, y de María Francisca de Henestrosa Córdova 5a Marquesa de Peñaflor; tataranieta por los Barradas Córdova, de Pedro Pérez de Barradas Henestrosa 3er Marqués de Cortes de Graena y de María Teresa de Córdova Moncayo y Palafox, hija de los 10o Condes de Sástago; y por los Barradas Henestrosa, de Antonio Pérez de Barradas y de Inés Ana de Henestrosa, hija del 3er Marqués de Peñaflor.

Fabián queda viudo. Sus últimos despilfarros antes de volver fundido a su país

Corto le resultaría el sosiego conyugal a Fabián Gómez Anchorena. A Buenos Aires él trajo a su mujer, y la instaló en un chalet desmontable -- construido en Francia -- que había hecho emplazar en medio de un amplio y hermoso jardín, dentro de la manzana de su propiedad recuadrada por las calles Esmeralda, Arenales, Suipacha y Sargento Cabral, cuyo gran portón de entrada contraponíase a la Plaza San Martín. La estadía de los esposos en nuestra ciudad, sin embargo, fue muy breve: María Luisa Fernández de Henestrosa enfermo de cuidado y quiso regresar a Madrid; y allí, al poco tiempo, la muerte la acogió en sus brazos.
El deceso de María Luisa sumió a Fabián en hondo abatimiento, a tal punto que -- según chismografías -- quiso ingresar en un Monasterio. Más las llamadas del Demonio, del mundo y de la carne aventaron pronto su mística melancolía y, a las primeras de cambio, vuelve el hombre a las andadas. Con larga mano, el Conde del Castaño despilfarra en viajes los millones argentinos que le quedan: París, Londres, Italia. En su yate, rodeados de amigos que se denominan ellos mismos "Peregrinos del Placer", cruza al Atlántico para festejar el Carnaval candombero de Montevideo. De regreso a París, le dedica un banquete luculiano inolvidable al Príncipe de Orange -- pretendiente al trono de Holanda -- , que, para más de 200 cubiertos, prepara un "chef" ruso en el "Café Anglais". A los postres, cuatro lacayos, con el escudo del Castaño bordado en sus libreas, traen sobre angarillas, en enorme bandeja, un gigantesco "vol au vent" y, ante el asombro de los comensales, al ponerse el pastel en una mesa, derrúmbase la masa de hojaldre y de su interior surge, como la Venus de Boticelli, la famosa "cocotte" Cora Perl (derecha) completamente desnuda, solo con un collar de perlas de ocho hilos que le bajaba del cuello hasta el ombligo -- cual lo relató el escritor uruguayo Eugenio Garzón, uno de los invitados a la fiesta.
Sigue girando alegre en Europa la rueda del tiempo para Fabián Gómez Anchorena, cuando de su lejano país le empiezan a llegar evidencias de que su situación económica se estaba yendo al cuerno, y no precisamente al cuerno de Amaltea. Entonces, a fines de 1889 o principio del 90, el hombre -- iba o acababa de cumplir 40 años -- arriba a Buenos Aires. En París había vendido todas sus propiedades apresuradamente; su palacete, su fastuoso mobiliario, su coche, sus caballos, su yate; y aquí comprueba, al cabo, que estaba fundido de cabo a rabo.

El ocaso de Fabián en la Argentina

Por de pronto se instala el insolvente tarambana en una de las buenas casas que aún conservaba -- calle Reconquista 585 -- , y para hacerse de recursos, patrocinado por los abogados Piran, Luque y Ferreira, demanda a sus tíos Juan y Nicolás de Anchorena, reclamándoles cinco millones de pesos de la herencia de su abuela, que según él ellos le debían. Pero la Justicia falla en su contra. Después, en plena "crisis del progreso" -- como se le llamó a la del 90 -- Fabián liquida las propiedades que le restan para pagar a sus acreedores, y rayano con la indigencia, peleado con su familia, sin amigos ni valedores, se va a vivir lejos de Buenos Aires, al pueblo sureño de General Piran, establecido en un rincón del campo "La Invernada" que fue suyo, y que su ex abogado y actual dueño Antonio Piran, había parcelado y vendido en lotes.
En ese pueblo bonaerense, Fabián Gómez se hizo popular. Siendo yo muchacho, Salustiano Rosales, un viejo criollo estafetero pintoresco, que traía -- y llevaba -- en sulky la correspondencia desde Piran a nuestra estancia "El Retoño", solía hablarme de Fabián Gómez. Recordaba que "el Conde" era muy aficionado a las chicas bonitas, y que como presidente de la Sociedad Española, durante las romerías lugareñas, actuaba de jurado consagrador de reinas de belleza y parejas campeonas de baile. Por lo demás, "el Conde" ? cincuentón corrido ? vivía arrimado a cierta viudita veintitantos años menor que él. El año 1900 se le engangrenó una pierna, vino a Buenos Aires, y se la amputaron en el Hospital Español, adonde lo fue a visitar -- consolar -- un compañero de su infancia; el Obispo Juan N. Terrero. De cuando en cuando el rengo con su muleta volvía de Piran a la capital, y ac�� se alojaba en un modesto hotel de la calle 25 de Mayo. En una de esas estadías, su primo Aarón de Anchorena le llevó a la casa de su madre Mercedes Castellanos, en la calle Arenales frente a la Plaza San Martín -- hoy el palacio de la Cancillería Argentina. Ahí se produjo la reconciliación de Fabián con su familia, y de ahí en adelante, el empobrecido sobrino de doña Mercedes, recibió de esta, hasta su muerte una pensión de mil cincuenta pesos mensuales ? que no era poco en aquel tiempo.

Fabián contrae nupcias por tercera vez y muere en Santiago del Estero

En 1912, en la Iglesia de Piran, nuestro personaje con 62 años a cuestas, y una pierna menos, se casó con la mujer que lo acompañaba desde una década atrás. La partida asentada al folio 122 del libro parroquial respectivo expresa; "A dieciséis días de Noviembre del año del Señor de Mil novecientos doce, contrajeron matrimonio, dispensadas las tres proclamas de rigor, don Fabián Gómez y Anchorena, natural del País, de estado viudo, domiciliado en General Piran, hijo legítimo de don Fabián Gómez del Castaño Salvatierra, natural del País, y de doña Mercedes Anchorena Arana, natural del Pais, con doña Victoria Ponce, natural del Pais, de estado viuda, de cuarenta y un año de edad, domiciliada en General Piran, hija legítima de D. Tomás Ponce, natural del Pais, y de doña Brígida Sotelo de Ponce, natural del Pais ... siendo testigos don Ignacio Ponce, de veintisiete años y doña Eudosia P. de Aldaz". Firma el acta el cura vicario Manuel Sánchez.
Dos años más tarde, en razón de la salud de su mujer, el pródigo nabab argentino de otrora, compró una casita en Icaño, pueblito de Santiago del Estero -- ¡que distante de Florencia y de París! -- , escriturándola a nombre de Victoria Ponce. Y el 25-VI-1918 en Icaño, en la margen derecha del río Salado, con la selva y los yermos santiagueños a su espalda, a mil leguas de las pompas y vanidades mundanas, el ánima de Fabián Gómez y Anchorena, Conde del Castaño, se fue a gozar de Dios al otro mundo.

Árbol

  1. Fabian Gomez del Castaño Salvatierra
    1. Mercedes Ignacia Anchorena Arana
      1. Fabian Tomas Gomez y Anchorena

Ascendientes