Eugenio Manuel Antonio Abella González

Nombre al nacer Abella González, Eugenio Manuel Antonio
Sexo masculino
Edad de defunción 37 años, 1 mes, 1 día

Eventos

Evento Fecha Lugar Descripción Notas Fuentes
Nacimiento 1821    
 
Defunción 1858-02-02    
 

Padres

Parentesco con la persona principal Nombre Parentesco dentro de esta familia (si no es por nacimiento)
Padre Jaime Abella Galindo
Madre Fabiana González de la Mora
         Eugenio Manuel Antonio Abella González
    Hermana     Manuela Abella González
    Hermano     Juan Abella González

Familias

    Familia de Eugenio Manuel Antonio Abella González y Margarita Peyrallo Yánez
Casados Esposa Margarita Peyrallo Yánez
   
Evento Fecha Lugar Descripción Notas Fuentes
Matrimonio 1846 Montevideo, Uruguay  
 
  Hijos
  1. Elvira Abella Peyrallo
  2. Manuela Abella Peyrallo
  3. Mercedes Abella Peyrallo

Narrativa

IGI Individual Record FamilySearch International Genealogical Index v5.0
South America
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EUGENIO MANUEL ABELLA Pedigree
Male Family

Event(s):
Birth:
Christening:
Death: 02 FEB 1858

Burial:

Marriages:
Spouse: MARGARITA PEYRALLO Family
Marriage: 1846 , Montevideo, Uruguay

Messages:
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Sheet: 00
Source Call No.: NONE Type: Book

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Eugenio Antonio Abella (1821 - 1858)
Birthdate: 1821
Death: Died 1858
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Eugenio Abella Gonzalez
Padres:
Jaime Abella Galindo
Fabiana Gonzalez de la Mora
Hermanos y hermanas:
Manuela Abella Gonzalez
Juan Abella Gonzalez
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a) Oscar Hordeñana Gómez (1843-1913), Ministro Plenipotenciario del Uruguay ante la Santa Sede, que cm 3-IV-1868 con Elvira Abella, h. Eugenio Abella González, uno de los "mártires de Quinteros", y Margarita Peirallo Yañez, cs; y b) Dorila
Hordeñana Gómez, que cm 28-XI-1856 con José Vázquez Sagastume (1828-1897), diplomático, político, integrante del grupo principista.
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CARTA DE EUGENIO ABELLA A SU MUJER MARGARITA
Señora doña Margarita Peirayo de Abella.
« Costa del Yí, Febrero 1º de 1858.
�oeMi adorada Margarita :
« Después de la batalla de Cagancha que parecía que el triunfo ser��a indudable, no fue así; porque por la cobardía de la dimisión Silveira, nos quedamos con muy poca caballería. Desde entonces todas nuestras marchas han sido forzadas, con el objeto de reunir alguna caballería.
« Así pasamos el Yi, donde detuvimos las fuerzas del Gobierno; pero en la noche volvimos á emprender una marcha forzada y terrible hacia el Río Negro, de catorce leguas, y caminando por un campo quemado, rodeados de una gran fuerza de caballería y combatiendo, en retirada. Dia que recordaré toda mi vida, pues en esa Retirada hicimos lo que pudimos por salvar el honor de las armas.
« A la tardecita pasamos el Río Negro y dormimos en la costa, guardando el paso por varias partes.
< En esa noche llegó la infantería y la artillería del Gobierno. Llegó el día 28 y por la mañana se nos fueron del campo dos escuadrones, uno de Nicasio Borges y otro de Goyo Castro, diciéndonos que est��bamos perdidos: huyeron cobardemente. Nos quedamos todavía como unos cien hombres de caballería y mas de trescientos de infantería, decididos á todo; pero nuestra situación en difícil: el enemigo había pasado el río por varias partes; no obstante, podíamos tambien defendernos
ó retirarnos poco á poco; pero el general Díaz y demás Jefes del Estado Mayor, resolvieron hacer una capitulación honrosa para evitar el derramamiento desangre entre hermanos y concluir con una guerra que iba á devorar nuestro país. Se mandó un parlamentario con las proposiciones, y por -conclusión, el general Medina, Jefe de las fuerzas del Gobierno, se avino en dar fianza á todos los oficiales y tropa del ejército; para los Jefes nos dio un pasaporte con la garantía del Jefe Político del Cerro Largo,'don Dionisio Coronel, y firmado por el mismo general Medina, cuyo pasaporte era para el Brasil, é iríamos escoltados por una fuerza del Coronel hasta la frontera; pero hasta la fecha no ha sucedido.
« Hoy hemos venido al Durazno como prisioneros y rodeados de centinelas; de modo, mi querida Margarita, que no sé qué querrán hacer con nosotros.
« Se nos dice que ahora esperan la resolución del Gobierno. Estamos custodiados por la division del Cerro Largo y nos tratan muy bien, y nuestra mejor garantía en el Señor Dionisio Coronel.
« En fin sea lo que sea, todos estamos resueltos; si nos quieren fusilar faltando áun compromiso solemne, que lo hagan. Esa mancha caer�� sobre la frente de! señor Presidente de la República y sus Ministros; pero el honor habrá quedado por nosotros. Por lo demás, tengo mucho gusto en la conclusión de una guerra que iba á devorar nuestro pobre país.
« Triunfó el Gobierno; enhorabuena, á él le toca tener ahora una marcha reparadora y humana; de ese modo estará completamente concluido todo con nuestra capitulación. Si nos mandan al Brasil, haré empe��o con el Coronel para que me deje venir al Departamento de Cerro Largo, donde te llevaré y me pondré á trabajar muy de veras, pues la escuela ya toca á su verdadero término y nuestros desengaños son muy crecidos. Tú y mis queridos cuatro hijitos me exijen á gritos que trabaje,
y pienso solo en su educación y porvenir, aunque es verdad que era mi único deseo cuando el Gobierno me arrancó de casa y me desterró con la mayor injusticia, dejándote abandonada y en la mayor necesidad. En fin, mi muy querida Margarita, ten resignación, cualquiera que sea mi suerte; el consuelo que me queda es que mi conciencia no me remuerde ningún acto malo en las cuestiones políticas por las que he pagado hace más de diez y seis años; siempre he servido con honra y lealtad á mi patria y á mi partido.
« Puedo llamar con entera confianza á mis agraviados, seguro que ninguno aparecerá; ahí están Montevideo, Paysandú y Salto que lo certifiquen.
« Concluido todo, yo creo que puedes volverá tu choza, y si te parece, seguir con mis hijos en el Miguelete, que yo te participaré nuestro verdadero destino, pues á veces se me figura que nos van á llevar á Montevideo.
< A don Rafael que te cobre los alquileres de la casa de Manuela desde el mes de Diciembre y quede el sereno en nombre de la dueña, que yo me arreglaré con Juan para que le dé á Manuela.
« Después de lo escrito, sería largo referirte los trabajos que hemos pasado; la camisa y el calzoncillo, después de un mes, hoy me he venido á mudar, y así están todos los compañeros, incluso el general Díaz.
« Muchos recuerdos á mis queridos padres, y que tengan resignación, que todo esto no es nada, que te cuiden y que sufran á mis queridos hijos.
« Recuerdos igualmente á Cartagena y á doña Eusebia, Pancha y dem��s de la familia, que aquí me tienen como prisionero, sin saber mi verdadero destino; pero cualquiera que él sea, siempre cuento con su amistad y que harán por ti cuanto sea posible.
«Después de concluida la guerra, Manuela puede venir á esa casa, de lo que yo me alegrada mucho, pues te serviría de compaña
« Dale un fuerte abrazo y un beso á cada uno de mis hijos, y recibe tú también, adorada mía, el afecto íntimo que siempre te profesa tú
(Firmado)—EUGENIO ABELLA.»
Ref: “La revolución de 1857 y la hecatombe de Quinteros; por un testigo presencial”: Volúmenes 1-2 - Página 70

Árbol

  1. Jaime Abella Galindo
    1. Fabiana González de la Mora
      1. Eugenio Manuel Antonio Abella González
        1. Margarita Peyrallo Yánez
          1. Elvira Abella Peyrallo
          2. Manuela Abella Peyrallo
          3. Mercedes Abella Peyrallo
      2. Manuela Abella González
      3. Juan Abella González

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