Juan Ignacio de la Rocha Diez de Alda y Sopranis

Nombre al nacer de la Rocha Diez de Alda y Sopranis, Juan Ignacio
Sexo masculino
Edad de defunción desconocido

Eventos

Evento Fecha Lugar Descripción Notas Fuentes
Nacimiento 1716    
 
Defunción      
 

Padres

Parentesco con la persona principal Nombre Parentesco dentro de esta familia (si no es por nacimiento)
Padre Manuel de la Rocha y Solis Ovando
Madre Juana Díez de Alda Ceballos y Sopranis
    Hermano     Antonio Juan de la Rocha Diez de Alda y Sopranis
    Hermana     Ana de la Rocha Diez de Alda y Sopranis
         Juan Ignacio de la Rocha Diez de Alda y Sopranis

Narrativa

JUAN IGNACIO DE LA ROCHA. Obispo de Michoacan (Méjico).
Hoy 18 de enero hace 234 años que el portuense Juan Ignacio de la Rocha fue consagrado Obispo de Michoacán en la bella catedral de la Arquidiócesis de Morelia, en una solemne ceremonia a la que asistieron personas de todos los estamentos sociales y gran número de autoridades clericales y civiles, entre ellas el virrey Bucarelli. Estaba próximo a cumplir los 63 años y, de hecho, hacía año y medio –desde mediado agosto de 1776- que había sido asignado para este cargo por el rey, que era el que nombraba a los obispos, entre una amplia lista de nada menos que 73 candidatos. Aceptó la mitra el 27 de diciembre de ese mismo año, jurando fidelidad a las normas de la corona y recibió las reales cédulas de su nombramiento. Sin embargo, las bulas pontificias que debían ratificarlo, pasaban los meses y no llegaban. Debieron extraviarse por el camino de Roma a la Valladolid mejicana, capital de la diócesis, tomando posesión sin ser consagrado, dadas las circunstancias, en abril de 1777. Finalmente, como si de un regalo de Reyes se tratase, las bulas llegaron a su destino el día de la Epifan��a de 1778, celebrándose en la fecha antes citada su consagración, ocupando con todos los requisitos y trámites cubiertos la silla episcopal de una de las más grandes y prósperas ciudades de Nueva España. (Según el censo de Revillagigedo, superaba por poco las 17.000 almas).
LOS BIZARRONES.
Como era tradición y costumbre, algunos nuevos prelados solían hacer un regalo, generalmente suntuoso, a la iglesia en la que habían desempeñado sus labores anteriormente. Así, nuestro paisano, Juan Antonio Vizarrón, arcediano y canónigo de la catedral hispalense antes de ser nombrado arzobispo de Méjico, donó media docena de gigantescos blandones, de 1,85 m. de altura y que tienen cada uno, nada de un baño de plata, sino 200 libras de la mejor plata mexicana, candelabros
que son conocidos popularmente como “los bizarrones”. Desconozco si hoy en día pueden admirarse en la catedral de Sevilla, en el lugar en el que estaban instalado no hace muchos años, el presbiterio bajo de la Capilla Mayor, probablemente
desde que los donara en 1752 el arzobispo y virrey. Su paje, discípulo y protegido, Juan Ignacio De la Rocha cuyo cargo anterior al nombramiento de obispo había sido el de Comisario de Cruzada del Arzobispado mejicano, siguiendo el ejemplo de su mentor, regaló a la catedral de México un incensario con la naveta de oro y dejó a la parroquia del Sagrario, que forma parte de la misma, un legado de cuatro mil pesos.
CEREMONIA
Como no había obispos consagrados en 25 leguas a la redonda, asistieron con mitra, realizando la labor de obispos oficiantes dos doctores que ejercían de Chantre y Maestresala en dicha iglesia. Los antiguos ritos previstos se fueron sucediendo: Eucaristía, invocación al Espíritu Santo, lectura de la Bula Papal, homilía, enumeración de sus compromisos con la feligresía, letanía de los Santos… y a continuación, sus cansados huesos se extendieron sobre la alfombra que cubría el
mármol del pavimento, repitiendo la sumisa postura, boca abajo, “besando el polvo” tal como lo hiciera el día en que fue consagrado sacerdote. En esta postura, que en cierto modo le aislaba de todo lo que le rodeaba no pudo por menos que evocar a su mentor y paisano, el arzobispo Juan Antonio Vizarrón, del que fue capellán caudatorio. (Esta denominación, debido a su desuso, no aparece ya en los modernos diccionarios de la lengua. Se denominaba así –y también porta-cola- al eclesiástico doméstico del obispo o arzobispo destinado a llevarle alzada la cauda o cola de la capa consistorial).
También recordó a sus difuntos padres: al capitán de caballería Manuel de la Rocha Solís, hijo del que fuera Corregidor de la ciudad en dos periodos diferentes (1694-1703 y 1708-1712), abogado de los Reales Consejos, Maestrante de la ciudad de Ronda y Caballero Veinticuatro, tanto en la Archicofradía de El Puerto como en Jerez, Antonio de la Rocha Solís y Ovando, y a doña Juana Diez de Alda Ceballos, su madre, hija de Juan Diez de Alda y Sopranis y nieta de un ilustre miembro de la Armada llamado Miguel Diez de Alda que perdió la vida en una las batallas navales contra la escuadra francesa en la época de Felipe IV, casado con doña Isabel de Sopranis y Boquín de Bocanegra.
Después de esta manifestación pública de humildad, tuvo lugar la imposición de manos, consumándose la consagración para, posteriormente y como acto final, recorrer lenta y solemnemente la iglesia recogiendo las muestras de cariño y devoción de sus nuevos feligreses, bendiciendo a los asistentes.

Árbol

  1. Manuel de la Rocha y Solis Ovando
    1. Juana Díez de Alda Ceballos y Sopranis
      1. Antonio Juan de la Rocha Diez de Alda y Sopranis
      2. Ana de la Rocha Diez de Alda y Sopranis
      3. Juan Ignacio de la Rocha Diez de Alda y Sopranis

Ascendientes